
A la hora de vestirse hay un detalle al que no siempre prestamos (sobre todo los caballeros) la debida atención, y es la elección del cuello. Nos gusta una camisa, su estampado, y no nos fijamos en si el cuello es el adecuado para el uso que pretendemos darle.
Por ejemplo, no debería, aunque hoy día sea habitual ver a caballeros así, combinar traje de chaqueta, corbata y camisa de cuello abotonado, que es un cuello de sport (o leisure wear, que se dice ahora) y no es el más adecuado para combinar con una corbata. Ya no sólo es cuestión de abotonar o no el cuello, sino que, además, suele ser un cuello menos rígido que nos hace perder buena parte del apresto que pretendemos nos den el traje y la corbata.
Yo, personalmente, prefiero el cuello inglés, que es el cuello de las camisas de vestir por excelencia. Rígido y con los picos largos. No tanto el italiano, más estrecho y con la abertura frontal más ancha (salvo que lleve una corbata de tejido consistente y con un nudo gordo). Yo jamás me pondría (y creo que eso sólo queda bien a los que TODO les queda bien, como Clooney o Pitt) una camisa con cuello italiano y corbata italiana (finita y larga).
Hay un punto intermedio, que algunos llaman el cuello de abertura mediana. Quizás sea la opción más equlibrada por cuanto el inglés da un aspecto demasiado altanero y "estirado".
También son de general aceptación como "de vestir" el cuello redondeado (que a mi no me gusta especialmente) y el de puntas separadas (donde ya entran factores como qué corbata llevamos o, incluso, la moda).
Y si bien es cierto que hay ciertas normas básicas del protocolo, no lo es menos que, por un lado, también hay que elegir el cuello de acuerdo con nuestro físico, y que la etiqueta se ha relajado bastante en estos días y es habitual la supresión de la corbata y ver combinaciones antes impensables (algunas de las cuales son muy del gusto del que suscribe) del traje de chaqueta con camisas de cuello tipo polo, camisetas con cuello a la caja (en primavera y verano) o jerseys de cuello alto (o de cisne).
Luego hay cuellos específicos como el de frac (entiendo que sólo debe combinarse con la vestimenta que le da nombre), o el alzacuellos (vetado a los sacerdotes pero con que me da la impresión de que daría un tremendo sex appeal si se laicizase su uso).
E incluso cuellos muy especiales como el cuello Mao, bonito, estético, pero especialmente difícil de combinar con gusto. Si quieren mi opinión, sólo me pondría camisa con cuello Mao sin traje y con un pantalón tipo kimono, en Japón o en alguna situación que resultase adecuada para ir así (no sé, ¿cenita japonesa en la intimidad?). O bajo un traje con cuello Mao. Problema: Es tan llamativo que con una puesta, "quemamos" la prenda y no podemos volver a exhibirla de nuevo (aunque esto a las mujeres no les supone un problema, antes bien lo contrario).
Luego, podríamos hablar de si el cuello debe ser del mismo color y estampado que la camisa (a mi no me desagradan las camisas de color o rayas con cuello blanco, por ejemplo) y de otras mil cuestiones. Pero eso lo dejamos para otros post.
El caso es que, a la hora de elegir camisa, les aconsejo se fijen en los cuellos. Si tienen la suerte de tener su sastre de cabecera o de ser asiduo del bespoke (del que ya hablamos en este blog), estírense un poco, y que les hagan no sólo el traje, sino también algunas camisas. Seguro que le asesoran debidamente y sale usted hecho un primor.
Y no olviden que, en cualquier caso, la camisa es parte de un todo... elijan el traje y la corbata adecuados, teniendo en cuenta colores, estampados, anchura de la corbata...
¿Qué quieren que les haga? Me gusta no ser el único hombre elegante de una reunión.
Foto: Unas camisas de Henry Poole & Sons, uno de los más reputados sastres de Saville Row



